La congestión del tráfico, los atascos.
Las calles y autopistas están diseñadas para soportar un número limitado de vehículos circulando a la vez. Cuando este número se supera, se generan los atascos.
Paradójicamente los atascos, estas situaciones de detención y malestar, se producen porque muchas personas con necesidades de transporte eligen el automóvil, en la creencia de que así viajarán de manera más rápida y confortable.
Las zonas urbanas, especialmente sus cascos antiguos y sus zonas residenciales, no están diseñadas para el flujo masivo de vehículos y se crean situaciones caóticas a diario, a las mismas horas y en los mismos lugares. Aún así, casi todos los conductores vuelven a tomar la misma decisión al día siguiente.
La congestión genera problemas de movilidad, atrapando a cientos de personas en un mismo lugar, provoca situaciones de riesgo especialmente en días de mal tiempo, crea focos importantes de contaminación acústica y del aire, y produce efectos psicológicos negativos en las personas que conducen.
Además, el porcentaje de población que opta por el transporte público en autobús o en taxi también se ve afectada por los atascos (a no ser que la ciudad cuente con carriles especiales para estos vehículos). La calidad del transporte público y colectivo se degrada y algunas personas pueden tomar la decisión de coger el coche, empeorando así la situación general.