Cambio climático.

Emisión de CO2 equivalente

El CO2 no es una sustancia tóxica. De hecho forma parte imprescindible del ciclo natural del planeta y las personas, animales y plantas lo emitimos a diario con la respiración. El problema empieza cuando desequilibramos el ciclo natural y aumentamos de forma considerable la concentración de este gas en la atmósfera.

El CO2 protege a la tierra del frío espacial como una manta evitando que se congele. Pero un exceso de mantas, como el que se viene observando en las últimas décadas, sube la temperatura del planeta y crea situaciones nuevas y peligrosas. Es el calentamiento global, cuya consecuencia inmediata más evidente es el deshielo de los polos y por lo tanto el aumento del nivel del mar.

Existe otro efecto del calentamiento global menos evidente. Una ligera variación en la temperatura supone cambios insospechados en la máquina atmosférica global, y puede provocar inundaciones, tormentas, olas de frío o sequías, en los lugares más insospechados y con intensidades extraordinarias.

La unidad de CO2 e (equivalente), incluye los principales GEI (gases de efecto invernadero) incluidos en el Protocolo de Kioto, como son el dióxido de carbono (CO2) – el principal -, el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O).

La mayor parte de la energía que se utiliza para el transporte la obtenemos quemando combustibles fósiles (carbón, petróleo o gas), y por lo tanto contribuyendo a la emisión de carbono a la atmósfera. Pero cada medio de transporte contribuye de diferente manera:

• El automóvil es el rey de las emisiones de CO2, con una media de 180 gramos de CO2 e por kilómetro recorrido. Un coche guiado por una persona que conduce en solitario es el medio de transporte más ineficiente que existe, pero la cosa cambia si lo llenamos con más ocupantes: sólo con dos más conseguimos ya una emisión de 90 gramos de CO2 e por persona y kilómetro recorrido, igual que una moto.

El 99,99% de los coches en circulación funcionan a base de combustibles del petróleo. Pero existen alternativas: se han puesto muchas esperanzas en el coche eléctrico. Los biocombustibles siguen siendo una pequeña fracción del consumo, y los vehículos de hidrógeno están en una fase todavía experimental.

• Los autobuses tienen un índice de emisión de 80 gramos de CO2 e por persona y kilómetro y los trenes de 45(1). Estos datos mejoran a medida que el transporte público aumenta su índice de ocupación.

El conjunto de la actividad de transporte de gente de Euskotren (ferrocarril y autobús) tiene un índice de emisión de 45,85 gramos de CO2 e por persona y kilómetro (dato del año 2013).

La electricidad que utilizan los ferrocarriles (tren, metro, tranvías y funicular) procede en un porcentaje cada vez mayor de fuentes renovables, lo que reduce sus emisiones de CO2. También crece el número de autobuses alimentados con biocombustibles.

• Viajar en bicicleta o caminando tiene un índice de emisión de CO2 e prácticamente de cero.

(1) (Datos de Euskotren en base al ajuste de datos del Informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente sobre transporte, nº1, 2007 adaptado a los datos de Euskadi (informe EVE) para vehículos de consumo eléctrico y datos de las Directrices IPCC para los inventarios nacionales de GEI para vehículos de combustible).